Web Oficial de la Semana Santa de Toledo

Viernes de Dolores

Vuestra soy, para Vos nací.
¿Qué mandáis hacer de mí?
Soberana Majestad,
Eterna sabiduría,
Bondad buena al alma mía;
Dios, alteza, un ser, bondad,
La gran vileza mirad,
Que hoy os canta amor así.
¿Qué mandáis hacer de mí?
...

Dadme Calvario o Tabor,
Desierto o tierra abundosa,
Sea Job en el dolor,
O Juan que al pecho reposa;
Sea viña fructuosa
O estéril, si cumple así.
¿Qué mandáis hacer de mí?

Sea José puesto en cadenas,
O de Egipto Adelantado,
O David sufriendo penas,
O ya David encumbrado,
Sea Jonás anegado,
O libertado de allí,
¿Qué mandáis hacer de mí?

 

Santa Teresa de Jesús

Introducción a la liturgia:

En estos tres expresivos verbos se fundamenta y desarrolla la fe cristiana. No suponen ninguna dificultad ni imposibilidad. Se trata de poner algo de interés en ejercitar la inteligencia, cuyas ideas se realizan por la voluntad y libertad, prerrogativas que el Creador ha dado a la persona humana. En tanto en cuanto el ser humano haga uso de la inteligencia, voluntad y libertad seremos más personas y tendremos posibilidad de conocer, vivir y gozar el Misterio de Cristo, que es el de Dios, y es la razón de nuestro existir y por el que estamos llamados a ser felices eternamente.

Por eso lo más importante es conocer la fe cristiana, es decir, creer en Dios y en su enviado Jesucristo. Éste es el simplicísimo y sorprendente anuncio que nos hace la Iglesia. La palabra y la vida de cada cristiano pueden y deben hacer resonar este gozoso y trascendente anuncio:

¡Dios te ama sin límites, Él es tu Creador y Padre! ¡Cristo ha venido al mundo por ti para salvarte! Para ti, Cristo, es “el Camino, la Verdad y la Vida” (Jn 14,6) ¡No lo rechaces! Jesús jamás defrauda a nadie, ni nos falla y nos ama “hasta el extremo”, como afirma el Evangelio.

Me voy a permitir algo difícil, pero de tu interés, y es resumirte el insondable misterio de Cristo, escondido desde los siglos y generaciones y revelado ahora a los santos, como enseña la Escritura, queriendo darnos a conocer la riqueza, bondad y gloria de este misterio (Cf Col 1, 26-27). Así lo podrás valorar, asimilar y, si tú quieres, vivir. El cristianismo es Vida. El mismo Jesús lo asegura: “Yo he venido para que tengáis vida y la tengáis en abundancia”(Jn 10, 10). Esta Vida consiste en la unión con Cristo por medio de la vida en Gracia, es decir, tener la certeza moral de no permanecer en pecado mortal, que es la causa de todos los males. Para asegurarnos esta vida Jesús nos da su Iglesia, con sus Sacramentos, Gracias y medios, porque es su propia prolongación en la tierra, que ha querido quedarse entre nosotros hasta el final de los siglos.

Para ofrecerte este resumen creyente lo hago con el formato que la misma Iglesia nos brinda en la Semana Santa, que es la semana mayor del año. Lo hace con su liturgia, que es el culto más sublime que podemos ofrecer a Dios. Por ella nos comunicamos con las Personas divinas y obtenemos sus bienes. Por eso la liturgia es la gran educadora del espíritu, maestra suprema de la vida espiritual y lo forma de vivir la comunión de los Santos.

Liturgia:

Comenzamos en este día señero cuaresmal porque, durante muchos siglos, la liturgia era del “Viernes de Dolores”, dedicado a la Santísima Virgen María en sus dolores. La renovación litúrgica que ha alumbrado el Concilio Vaticano II ha hecho trasladar esta fiesta al 15 de septiembre, con acierto y sentido pastoral. No obstante, la religiosidad popular, con la benevolencia de la Iglesia nuestra madre, procesiona este día la Virgen de los Dolores, iniciando así los impresionantes desfiles de la Semana Santa.

Por otro lado, es enormemente pedagógico y catequético comenzar la Semana mayor de la cristiandad desde la Virgen María. Ella es la Madre de Jesús, “la gloria de Jerusalén, la alegría de Israel, el orgullo de nuestra raza”, la mejor discípula de Jesús, Medianera de todas las gracias, prototipo de la Iglesia y de todo creyente, la testigo principal de todo el Misterio Pascual. Precisamente la religiosidad popular canta a María una coplilla preciosa y certera: “El que busca el buen trigo, lo encuentra en la espiga. El que busca el buen vino lo haya en la viña. El que busca el aceite lo tiene en la oliva, ¡El que a Jesús busca, lo encuentra siempre en María! Es una gran verdad que avalamos desde nuestra experiencia de fe.

En este día la liturgia nos subraya dos ideas claves: la confianza y Jesús testigo del Padre. Con sólo estas dos ideas, si las vivimos, nos podemos salvar y alcanzar la santidad. Así de fácil, hermoso y grandioso es tener fe.

La primera cristiana, que es la Virgen María, nos lo demuestra. Nadie como Ella ha vivido esa confianza absoluta en Dios. Sus mismas palabras, al iniciarse el Misterio de Cristo en la tierra, lo evidencian. Cuando Dios, por medio del Arcángel Gabriel, le propone la encarnación de Jesucristo en sus entrañas, María respondió: “He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra”(Lc 1,38). Más confianza imposible. El canto del Magnificat (Lc 1, 46-55) es la expresión más rica y ejemplar de la confianza en Dios.

Igual ocurre con el otro aspecto: Aceptar a Jesús como prolongación y testigo del Padre. Sólo abrir el Evangelio para descubrirlo. Dice Jesús: “Si no me creéis a mí, creed a las obras que yo hago, para que comprendáis y sepáis que el Padre está en mí y yo en el Padre”, nos transmite el Evangelio de este día. La Virgen cree sin límites en Cristo. Ella le comprende mejor que nadie, sufre con Él su rechazo v “todas sus palabras las daba vueltas en su corazón”. Imitemos a María, pidamos su ayuda para fortalecer nuestra fe y confianza en Cristo. “Él es reflejo de la gloria de Dios, impronta de su ser” y además “No se nos ha dado otro Nombre por el que podamos salvarnos” ¡Sólo Jesucristo! (Hch 4, 12).

a) Confianza en Dios

Esto es todo el planteamiento de la primera lectura del día, Jer 20, 10-13. Se trata de fiarse de Dios, verdad suprema, que no puede engañarse ni engañarnos. Se nos ha revelado en la sagrada Escritura, en la Creación, en el cosmos, en el hombre, en la ciencia y en la razón, y sobre todo en la Persona de Jesucristo, verdadero Dios y Hombre, nacido de María en Belén y muerto en la cruz en Jerusalén. Resucitado al tercer día, según las Escrituras. Anunciado por los mismos testigos que comieron y hablaron con Él después de su resurrección. Por defender esta fe en Cristo, todos los Apóstoles dieron su vida por Él. Después, en toda la historie de la Iglesia, millones de seguidores suyos, que tienen fe en Jesús, también han ofrendado sus vidas en sacrificio por defender esa fe.

Nuestra vida está en manos de Dios, “en Él vivimos, nos movemos y existimos”(Hch 17,28). Nos ama y tiene misericordia de nosotros como lo palpamos por nuestra propia experiencia creyente, por su providencia amorosa, sus dones, su Palabra. Él todo lo gobierna y mantiene, como es demostrable. Es nuestro Padre, porque así ha querido revelarlo, conoce todas nuestras necesidades. Vivamos tranquilos y confiados, aunque tengamos que pasar por pruebas y tinieblas, seguros de que Él está con nosotros. La confianza es la clave de la fe, del progreso espiritual, de la santidad y la paz en esta vida. Todo lo que Dios hace o permite en nuestras vidas está hecho o permitido por nuestro bien. A veces no lo comprendemos porque somos finitos, limitados y Dios es infinito, ilimitado. “Sólo Dios es bueno”, afirma el Evangelio, y quiere lo mejor para sus hijos.

Nuestra voluntad queda en paz cuando nada desea al margen de la voluntad de Dios, la que sea, la que su providencia nos vaya manifestando en cada momento. Si confiamos en Él, siempre tendremos luz, fortaleza y paciencia en las pruebas o en la oscuridad humana, que son medios para madurar y ejercitar la fe. El testimonio de todos los Santos es universal y total.

b) Jesús testido del Padre

Es el planteamiento irrefutable del Evangelio de este día (Jn 10, 31- 42). Leamos despacio y con fe este trozo del Evangelio. Tengo la certeza que vuestra fe será fortalecida y razonada.

Muchas veces en el Evangelio vemos y escuchamos a Jesús dando testimonio y hablando de la imperiosa necesidad de ser testigos. Sólo os recuerdo dos citas, una habla de su misión como testigo y en la otra nos habla a nosotros que debemos ser testigos en todas partes y a todas horas: “Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad. Todo el que es de la verdad escucha mi voz”(Jn 18,37). “Recibiréis la fuerza del Espíritu Santo y seréis mis testigos hasta los confines de la tierra”(Hch 1,8).

El testimonio es aquella conducta por la que hacemos a Dios presente en el mundo. Conlleva los hechos y las palabras, que iluminan esas obras. Es el principal medio de lo misión apostólica que todos tenemos, “porque la vocación cristiana, por su propia naturaleza, es también vocación al apostolado”(AS 2).

Como Cristo es testigo, todos debemos ser testigos. De lo contrario no somos buenos cristianos. Así de claro. Testigo es el que vive algo de lo que puede dar fe. Si no somos testigos de Cristo y su Evangelio es que no vivimos la fe Él. Esto es grave y obliga a que nos planteemos nuestra propia vida, para ser coherentes y no caer en la mediocridad, superficialidad o hipocresía.

Procesiones


Imagen. NUESTRA SEÑORA DE LA SOLEDAD

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