
Queridos hermanos cofrades:
Junto con mi saludo fraterno y cordial, quiero dirigirme por medio de esta carta a todas las Hermandades y Cofradías de la ciudad de Toledo, a sus miembros y a sus familias, que en estos días se preparan para realizar la estación de penitencia anual con motivo de la celebración de la Semana Santa. Una vez más el Señor nos ofrece la oportunidad de una gozosa renovación, de acercarnos a Él mediante la oración y los sacramentos, y de vivir en un clima de fraternidad los sagrados misterios que nos disponemos a vivir.
La santa Cuaresma y los días de Semana Santa son el tiempo oportuno para que los cofrades-penitentes dediquen más tiempo a la meditación y a la lectura del Evangelio. De ahí brota toda la fuerza que nos acredita como testigos de Jesucristo, muerto y resucitado; de ahí surge la necesidad y la urgencia del amor que nos impulsa a recorrer todos los caminos del mundo.
La participación en los cultos que vuestras asociaciones organizan durante este tiempo y la vivencia de los Santos Oficios de la Semana Santa, bien en vuestras parroquias o en vuestras sedes canónicas, será decisiva para alcanzar una auténtica renovación espiritual y eclesial en el seno de las cofradías. Y no sólo durante este tiempo, sino también a lo largo del año litúrgico, participando con intensidad en la Eucaristía dominical, fomentando la fraternidad gozosa en todas las actividades organizadas por vuestras Juntas Directivas, prestando toda colaboración a los consiliarios, pastores y hermanos en vuestro peregrinar espiritual.
Especial importancia deberá tener también la recuperación del Domingo, el Día del Señor, como el día de la Iglesia y de la familia, día en el que los cofrades deberán hacer notar aún más si cabe su presencia y su testimonio.
Ésta es la fuerza del Evangelio que nos exige salir a los caminos para que el amor sea un signo elocuente del Evangelio. La caridad Jesucristo nos urge para llegar al corazón de los más necesitados, de los pobres, de los inmigrantes, de los que no tienen voz ni pueden defenderse. Las hermandades y cofradías surgieron en el pasado precisamente para esto, para ser el brazo de la Iglesia que llega a los pobres. Esta labor caritativa y social que ha dado elocuentes frutos de santidad, no ha sido derogada. También hoy las cofradías siguen siendo un medio idóneo por el cual la Iglesia abraza a cada uno de los hombres.
A través de vuestro testimonio de caridad, la Iglesia presenta al mundo la imagen de Jesús, el Buen Samaritano, pobre entre los pobres. El estudio y reflexión sobre la Doctrina Social de la Iglesia en los encuentros de hermanad, el compromiso social y político de los laicos, el voluntariado, los equipos de Cáritas y acción social, la visita de ancianos y enfermos, el apoyo a los inmigrantes, la defensa de la vida y de la familia, etc. constituye un amplio e ilusionante horizonte en el que todos vosotros debéis sentiros implicados como católicos y testigos de Jesucristo.
A ello os animo, con decisión y valentía, sin complejos y con el orgullo de pertenecer a la Iglesia : os invito a ser en medio de la Iglesia su corazón, es decir, el amor (Santa Teresa de Lisieux).
A todos os encomiendo especialmente en estos días.
Con mi bendición
ANTONIO CAÑIZARES LLOVERA,
Arzobispo de Toledo, Primado de España