De esta talla, al igual que sucede con el resto de las imágenes de la cofradía, desconocemos quien fue su autor. Su hechura era mayor que el tamaño natural.
Respecto a esta imagen sabemos que en el cabildo celebrado el 24 de mayo de 1776, una vez verificado el mal estado en que se encontraban las potencias de plata del Cristo, y que el INRI con que se remata la Cruz era de hoja de lata, se acordó hacer ambas piezas en plata, aportando la cofradía 6.693 reales. Una vez confeccionadas pesaron ambas piezas veintiséis onzas y seis ochavas. Al INRI se le pusieron las letras doradas y las potencias viejas se destruyeron enajenándose la plata al peso.
En la Semana Santa de 1780, Dª Bernarda Díaz Benito, mujer de Jacinto Marina secretario del Consejo de la Gobernación del Arzobispado, dio unos paños de cambray fino y encajes para la efigie del santísimo Cristo.
Por encontrarse las andas del paso en muy mal estado, en el cabildo celebrado el 8 de mayo de 1791 se acordó hacer una nueva. Pero, como la cofradía carecía de recursos suficientes para hacer frente al coste de las mismas, se autorizó a los mayordomos para que pudieran rifar las alhajas que estimasen oportunas, y con los beneficios poder sufragar los gastos de las andas, así como los de la restauración de la imagen. Las piezas objeto de la rifa fueron unos cubiertos con sus cuchillos y una salvilla de plata.
Las nuevas andas de madera pintada y dorada, con sus correspondientes candeleros plateados se estrenaron el miércoles santo de 1792.
Los pañetes o enagüillas que en su día donara Bernarda Díaz Benito, con el correr de los años se encontraban bastantes deterioradas a causa de los muchos alfileres que habían de prenderse para asegurarlos a la imagen, por lo que en el cabildo de 11 de abril de 1802, se acordó que sería muy útil y conveniente para "mayor acomodo y adecentamiento se pusiesen pañetes de pasta según lo tienen otras imágenes de Cristo Crucificado". Desconocemos si se llevó a cabo, al no haber podido identificar con toda certeza a la imagen, entendemos que se llevaría a efecto lo acordado, ya que no existía impedimento alguno para su confección.