La representación iconográfica del Cristo de la Humildad y Paciencia según diferentes estudios teológicos, es la representación de Jesús en el Gólgota sentado en una piedra esperando con resignación para ser crucificado. Aparece Cristo en los momentos de la preparación del suplicio, mientras los sayones y romanos estarían preparando la cruz para ser clavado en ella.
Esta iconografía no fue representada en el arte hasta finales del siglo XIV, fruto de la mística bajomedieval, derivado del Cristo Varón de los Dolores, que aparece en el arte germánico del siglo XV, siendo popularizado por Alberto Durero en sus grabados de la Pequeña Pasión (1510-1511). Aunque, en esa primera obra se nos presenta de una forma alegórica, ya que los pies de Cristo muestran las llagas de la crucifixión.
Desde mediados del siglo XVI, esta iconografía tiene gran raigambre en España debido a la importancia que se le da en los ejercicios espirituales de San Ignacio de Loyola.
A esta devoción también se le conoce como Cristo de la Piedad, Señor de la Piedra Fría, Cristo Pensirioso, en Italia, o Señor de la Humildad y Paciencia, que quizás sea de todas la más popular.
Muy pocas son las diferencias que hemos encontrado entre las numerosas representaciones del Cristo de la Humildad en España, la que más prolifera es en la que se puede ver a Cristo sentado sobre una roca, con el codo del brazo derecho apoyado en el muslo del mismo lado al tiempo que la cabeza reposa con serenidad extrema sobre el reverso de la mano en actitud pensativa.
La escena, sin lugar a dudas, sigue la corriente germánica de Durero. Esta representación, prolifera en España durante los siglos XVII y XVIII, sobre todo en Andalucía y Canarias, como nos lo recuerda las tallas de Garachico en Tenerife, junto con las de Cádiz y Sevilla, que aún procesionan, y otras muchas de Castilla.
Para sacar este paso en procesión, se disponía de unas andas ovalas guarnecidas de madera imitando al jaspe. Formaba parte del mismo una cornucopia con dos hacheros de plata de fina factura, colocada sobre peana de madera plateada. En el suelo, una cruz fingida de formas toscas, toda ella jaspeada, estaba a la espera de recibir el cuerpo de Cristo para su martirio. Según Ramírez de Arellano el paso estaba compuesto por "tres figuras que representaba el Expolio y debía estar inspirado en el del Greco de la sacristía de la Iglesia Primada , porque la cruz estaba tendida y un sayón la estaba barrenando, mientras un muchacho sostenía el martillo y los clavos. El suelo representaba un peñasco, y el Cristo no estaba en el centro sino a la derecha. No tenía más que tres figuras; en una roca había una calavera. El Jesús era de tamaño natural”.
No dice cómo era la túnica, pero sí que llevaba un cordón de oro y seda que pesaba 32 onzas y media, que terminada la procesión se guardaba. Llevaba potencias de plata de ráfagas que se hizo en 1760 por la cofradía.
En esta descripción encontramos varias inexactitudes, todo ello motivado, al no haber contemplado el paso, da rienda suelta a la imaginación sosteniendo equivocadamente que la escena está inspirada en el Expolio de El Greco.
Otras de las inexactitudes en las que incurre el citado autor, la encontramos cuando éste se pregunta, (no dicen de qué era la túnica de Jesús). Como hemos podido ver en toda la iconografía de este paso, Cristo solamente va cubierto por el paño de pureza, ya que si se le representa con la túnica de color púrpura, la caña como cetro y la corona de espinas, estaríamos hablando del Ecce Homo, o Cristo de la Sentencia.
Los primeros trabajos conocidos que se hicieron a este paso datan de 1761 y fueron obra del escultor Germán López, consistieron en hacer una peana tallada y plateada para asentar el paso, por lo que cobró doscientos treinta reales. Otro de los trabajos que realizó este mismo escultor en 1762, fue tallar una nueva cruz y barnizar la insignia de la demanda. El 13 de mayo de 1779, dado el estado de deterioro que se encontraba el cordón que lucía la imagen, el cabildo acordó su renovación.
Sería a Mariano Salvatierra a quien le correspondería hacer en 1781, el mayor trabajo para la imagen titular que consistió en la "compostura y total renovación de la imagen del Cristo de la Humildad", por este trabajo cobraría dos mil reales de vellón. Por lo que debemos considerar a este escultor como autor de la misma. Muy contentos debieron quedar los cofrades ya que, mil ochocientos reales fueron en pago de la imagen y los doscientos restantes lo fueron en concepto de gratificación. A los oficiales del escultor se les entregaron cien reales de vellón.