
DIOS CREADOR Y REDENTOR ES EL AMOR....
(así lo resalta el Papa Benedicto XVI en su primera encíclica “Deus Caritas Est” )
La Cuaresma, tiempo privilegiado de la peregrinación interior
hacia Aquel que es la fuente de la Misericordia, da
paso, un año más, al fervor y la religiosidad que acompaña,
en la Semana Santa toledana, a las distintas Cofradíasposo
de historia, tradición, fe y respeto- que recorrerán
las calles de esta ciudad desde el Domingo de Ramos- día
en que Jesús es recibido en baño de multitud sin precedentes
en su entrada en Jerusalén, multitud que, más tarde,
le abandonará y dará la espalda condenándole a morir
en la Cruz- hasta el Domingo de Resurrección.

“Que vaya, en fin, por la vida
como Tu estás en la Cruz.
De sangre los pies cubiertos
llagadas de amor la manos
los ojos al mundo muertos
y los dos brazos abiertos
para todos mis hermanos.
A ofrecerte, Señor, vengo
mi ser, mi vida, mi amor,
mi alegría, mi dolor
cuanto puedo y cuanto tengo
cuanto me has dado, Señor...”
José Mª Pemán
Juan Pablo II, en la Jornada Mundial de la Paz, en 2002,
dijo: “El Dios que nos redime mediante su entrada en la historia,
y que mediante el drama del Viernes Santo prepara la victoria del
día de Pascua, es un Dios de misericordia y perdón”
En la Cruz murió, por nosotros, nuestro Señor Jesucristo
y la Cruz es la señal del cristiano.
Cada año la Iglesia invita a sus hijos a hacer presente el
misterio más importante de la historia de la humanidad.
En estos días que son profundamente intensos para los
creyentes debemos intentar acoger la gracia de Jesucristo
en nuestro corazón, la gracia que El conquistó para nosotros
con su muerte en la Cruz y con la Resurrección.
Así cuando la Semana Santa toledana toca su fin, se oye el grito
de alegría que desde hace dos mil años no nos cansamos
de anunciar al mundo entero: ¡Cristo ha vencido a la muerte!
Y ese mismo Cristo crucificado, que resucitó y envió al Espíritu
Santo desde el Padre, es el Cristo que está en el Sagrario.
Por eso sesenta días después de la Pascua de Resurrección
tiene lugar uno de los festejos religiosos más solemnes y
grandiosos de la cristiandad; todos los pueblos de España
y del mundo católico, se engalanan y se llenan de fiesta
para celebrar esa presencia de Dios: es el día del Corpus
Christi, vértice de nuestras celebraciones cristianas.
Este día, uno de los “que relucen más que el sol”, los cristianos celebramos
la presencia real del Señor Resucitado entre nosotros.
La Iglesia estableció la fiesta del Corpus Christi para que los
cristianos adorasen a Jesús Sacramentado, manifestando su
fe en aquel Jesús que hizo el milagro de irse y quedarse.
Siglos atrás, la conmemoración se hacía el Jueves Santo,
que fue justamente el día en que Jesucristo instituyó la
Eucaristía durante la Santa Cena; pero la jornada del
Viernes Santo, evocadora de la pasión y muerte del Señor,
estaba tan cerca que los cristianos decidieron celebrarla
unas semanas más adelante, cuando la sombra que proyectaba la Cruz se hubiese desvanecido ya con el
júbilo de la Resurrección.Evoca la “Ultima Cena” donde Jesús instituyó la Eucaristía
Así esta festividad es instituida con carácter universal,
para ser celebrada el jueves siguiente a la octava de Pentecostés,
a mediados del siglo XIII, cobrando mayor importancia
durante el Renacimiento.
En el siglo XVI, el Corpus se convierte en un verdadero
elemento doctrinal; la finalidad de esta celebración es
dar culto al Señor, adorar al Santísimo y revitalizar el
sentido eucarístico del pueblo cristiano.
En el Corpus tributamos un homenaje público a la Sagrada
Eucaristía y manifestamos en la calle nuestra fe en
Cristo, real y vivo en la Sagrada Forma.
“Toda la vida sacramental de la
Iglesia y de cada cristiano alcanza
su vértice y su plenitud precisamente
en la Eucaristía.
En efecto, en este sacramento se renueva
continuamente, por voluntad de Cristo,
el misterio del sacrificio, que El hizo de
sí mismo al Padre sobre el altar de la
Cruz”. (Encíclica Redemptor hominis,
1979)
“Cristo entregó a la Iglesia este sacrificio para que los fieles participen
de él tanto espiritualmente, por la fe y la caridad, como
sacramentalmente, por el banquete de la Sagrada Comunión. Y
la participación en la Cena del Señor es siempre comunión con
Cristo que se ofrece en sacrificio al Padre por nosotros”. (Carta
apostólica Dies Domini, 1998)
En este sentido, los cristianos celebramos con especial
recuerdo y devoción el Jueves Santo, en el que Jesús nos
dio pruebas definitivas de entrega, con la institución de
la Eucaristía, y de servicio, con el lavatorio de los pies a
susdiscípulos.
Pero como tales cristianos no podemos limitarnos al
momento puntual de las celebraciones religiosas.
Precisamente hoy, que vivimos tiempos difíciles para
la Iglesia, para los cristianos y sus valores, que se mina
la dignidad de la persona, la familia, las instituciones...
que ser católico y proclamarlo “no vende”, es necesario
que los cristianos manifestemos nuestra fe en público,
sin arrogancia alguna, pero con firmeza y respeto para
todos. No podemos acomplejarnos de la presencia real
de Cristo que es la fuerza de salvación para todo el que
cree.
¡DIOS ES AMOR!
La mejor introducción al Pontificado de Benedicto XVI
es la encíclica Deus Caritas Est.
Con sólo 50 páginas Dios es amor sorprendió al mundo
como una obra hermosa y breve que va directamente “al corazón de la fe cristiana” y revela las grandes prioridades
del Papa.
Es una encíclica para redescubrir la esencia del cristianismo.
Y precisamente el Jueves Santo es referencia para el que
quiere aprender la lección sobre el Amor, porque podemos
dudar de muchas cosas en la vida pero de lo que
nunca podremos dudar es que el Amor de Dios por el
hombre no puede tener fin.

En Valencia, en julio de 2006, el Santo Padre subrayó:
“El mundo necesita hoy de modo particular que se anuncie y se de
testimonio de Dios que es Amor y, por tanto, la única luz que, en
el fondo, ilumina la oscuridad del mundo y nos da la fuerza para
vivir y actuar”.
Para terminar me gustaría recoger el mensaje entregado
por Benedicto XVI al despedirse en Colonia, en agosto
de 2005 :
”Quien ha descubierto a Cristo debe llevarlo a otros.Una gran alegría no se guarda para uno mismo. Es necesario
transmitirla”.