Un "Paso" Singular
(Evocaciones de mi archivo personal)

Explorando en los trabajos de investigación, efectuados durante toda mi vida sobre temas de Toledo y lo toledano, encontré que, al siglo XVIII se remonta el nacimiento de un "paso" singular, que figuraba en las procesiones toledanas acompañado por sus cofrades, según datos aportados por distintos autores hasta llegar a nuestros días.
Estas evocaciones, se inician el año 1884 con unas interesantísimas y emotivas curiosidades religiosas y artísticas, y la especial primicia entresacada de mi libro
sobre la Semana Santa, en espera de edición.
En el "paso" singular de El Descendimiento, y durante la Semana Santa del citado año, se hicieron importantes cambios en los del "paso" que representa el Descendimiento de Cristo en la Cruz" siendo sustituidas con dos nuevas esculturas representando a San Juan y a María Magdalena, así como luciendo nuevos trajes
Nicodemo y José de Arimatea.
No obstante se consideró que este "paso" había quedado poco armónico, al no resultar estético ya que, de las cuatro efigies que rodean el cuerpo del Señor , dos de ellas eran esculturas talladas, y los personajes tratando de descender el cuerpo de Cristo, no tuviesen las mismas características.
Se advierte también otros cambios; en este caso, en los penitentes que acompañan al "paso", como los llamados "penitentes de la luz" consistiendo en que, las luengas cabelleras que cubrían sus rostros, fueron sustituidas por el capirote, menos puntiagudo y más bajo, que el que se había venido usando.
Por otro lado y refiriéndose al hábito, las colas del traje antes las llevaban arrastrando en señal de sentimiento, y ahora no.
En cuanto a los grupos de azotes, cruces y penitencias, se presentaban más decorosos este año de 1884, cuando antaño, concretamente en 1797, por una Real Orden, les fue suprimido desfilar procesionalmente con el cuerpo medio desnudo.
Los dos personajes en actitud de descender a Cristo de la Cruz" resaltan evangélicamente. Nicodemo, Magistrado judío, perteneciente al Sanedrín, tuvo ocasión de celebrar con Jesucristo una larga entrevista durante la noche, según nos cuenta el evangelista San Juan en su capítulo 3.
Y más tarde, cuando los judíos pedían que fuese condenado, según los apócrifos, Nicodemo se erigió en defensor de Jesús, haciéndoles ver que, no se podía condenar a nadie sin pruebas.
Por su parte, José de Arimatea, que era discípulo de Jesús, aunque en secreto por miedo a los judíos, pidió a Pilato autorización para retirar el cuerpo de Jesús.
(Jn.19, 38)
Juntamente con Nicodemo, que aportó una mezcla de mirra y áloe de unas cien libras, tomaron el cuerpo de Jesús y lo envolvieron en lienzo con los aromas, conforme a la costumbre judía de sepultar. (Jn.19, 40).
Según datos aportados en la antigua prensa toledana, aunque sin desvelar procedencia, se dice que Nicodemo, fue despojado de su cargo de miembro del Sanedrín, y arrojado fuera de la ciudad de Jerusalén; así como que fuera escultor, atribuyéndosele, el "Rostro Santo" que se venera en Italia, en la ciudad de Luces, y que la Iglesia ha incluido el nombre de Nicodemo en el Martirologio.
En una fotografía publicada, aunque no pude conseguir la fecha, se advierten las figuras representativas de Nicodemo y José de Arimatea, mostrando la siguiente
actitud: no están subidos en las escaleras que apoyan en lo alto de la cruz, en posición de descender el cuerpo muerto de Cristo, como se contempla en la actualidad.

Capítulo de Caballeros Penitentes de Cristo Redentor

En la escena fotográfica de la que yo doy fe, aparece un sepulcro de cristal, con el cuerpo de Cristo en su interior, y los dos personajes que le enterraron, uno a la cabecera y otro a los pies, en actitud de estar velándole.
La conclusión a la que llegué fue que, en alguna ocasión, por razones que ignoro, debieron procesionar como el "paso" del "Santo Entierro", y fuera aprovechado el momento para obtener tan singular fotografía para la historia.

Me sitúo ahora en los primeros años del siglo XX.
El cortejo procesional, donde participaba el citado "paso" singular, me dejó asombrado por el gran número de cofradías que, con el tiempo, habían venido incorporándose con sus correspondientes imágenes. El pueblo la denominaba la Procesión del Santo Entierro, alcanzando la calificación de la más severa y mejor organizada.
A las cinco de la tarde del día 4 de abril del año 1912, participaron los siguientes pasos por este orden: (Adviértase las referencias a las imágenes).

JESÚS NAZARENO.
Preciosa escultura de estimable valor.
JESUS EN LA CRUZ.
Con María y San Juan, al pie de la misma; “paso" en el que se admiran detalles importantes de arte.
EL DESCENDIMIENTO.
Grupo del siglo XVIII.
NUESTRA SEÑORA DE LAS ANGUSTIAS.
Con Jesús en sus brazos. Siglo XVIII.
SANTO SEPULCRO.
Del siglo XIX.
NUESTRA SEÑORA DE LA SOLEDAD.
Hermosa imagen que produce magnífico efecto artístico.

De esta última imagen, también podemos evocar que sus inicios como cofradía, se mantuvo durante muchos años en una sede de la que no encontraríamos hoy, ni los cimientos del edificio conventual que la albergó.
Hoy en día, podemos contemplar en el área donde se encontraba el citado convento, una amplia construcción, con una artística portada, en cuya decoración destacan las figuras de dos leones tallados en piedra; edificio que acoge en la actualidad ala Excma. Diputación Provincial.
En el año 1666, es cuando consta que esta imagen de Nuestra Señora de la Soledad y sus cofrades, se trasladan a la parroquia mozárabe de las Santas Justa
y Rufina, desde su antigua sede mercedaria.
Establecida su incorporación a la sede parroquial, comenzaron a participar en el cortejo procesional del Viernes Santo, y con los años, su cofradía alcanzó tanta importancia, que asumieron a su cargo el costo y organización de la procesión
general del "Santo Entierro".
Mis trabajos de investigación me llevan al año 1916, donde constato un trágico dato histórico. La imagen de "Nuestra Señora de la Soledad", denominada también Imagen del paso como de "Los Dolores", quedó parcialmente destruida en un incendio, quedando solamente a salvo la cabeza de la Virgen, la cual, recogida por el escultor Belver, la aprovechó para, en el siglo XIX, reconstruir una nueva imagen con los mismos nombres de antaño, que es la imagen que procesiona en nuestros días.
Ya se habla también de que en este cortejo, se exhiben un número considerable de armaduras, los populares "armados", así como una numerosa representación de
hombres revestidos con túnicas moradas y negras.
También se da cuenta de la asistencia de un nutrido número de comisiones, del elemento militar, eclesiástico y civil, y el Ayuntamiento bajo mazas.
La más reciente evocación que puedo hacer sobre "El Descendimiento" y su cofradía, está referida a la renovación impulsada por un inquieto amigo y compañero
Agustín Palomo Martín (q. e. p. d.).
Rodeado de jóvenes entusiastas, la cofradía tomó un nuevo auge; el hábito antes morado, con banda blanca y capirote, se modificó por hábito negro con capucha blanca y fajín del mismo color, con el anagrama de la cofradía bordado.
Antiguamente, a este "paso" singular, se le asignaba, para procesionar, una Banda de Música, transformándose después, instrumentalmente, sólo con un grupo de tambores y timbales, integrados por los miembros más jóvenes de la actual cofradía, evocando aquellos ecos de:

De los atambores y de los timbales
el fúnebre y triste tañer lastimero
rasga los espacios
de este solemne silencio


Desde el año 2007, llegado el mes de septiembre, cuando el calendario coincide con la celebración de la Exaltación de la Santa Cruz, la imagen del "Cristo del Descendimiento" recorre las principales calles toledanas, en posición horizontal a hombros de sus cofrades.
Este singular cortejo procesional en fecha tan señalada, según refirió en una homilía el actual párroco de las Santas Justa y Rufina, don José Antonio Martínez
- sin citar fuente- obedece a una recuperación que antaño se celebraba, y es el deseo, por parte de todos, que siga manteniéndose en lo sucesivo.

J.J. Peñalosa.
Académico Correspondiente de la Real Academia
de Bellas Artes y Ciencias Históricas de Toledo